viernes, 29 de abril de 2016

Doble mirada.

Arrastrándome por el sendero me encontré de pronto con su rostro...

Había visto ángeles y demonios antes, pero ella era la atormentadora mezcla de ambas criaturas.
Le follaría si pudiera, pero terminaría enamorándome antes, pues sus ojos me gritaron antes que el calor ahogado entre sus piernas.

Estas dos maravillosas criaturas impregnadas en solo una, eran muy difícil de tratar, muy difícil de explicar, y, ¿qué le iba a hacer?; muy fácil de querer.

Su mirada me mantenía entre la más dulce poesía y el pecado más intenso.

Tanto como sus besos me obligaban indirectamente a abrir mis alas para alcanzar el cielo, sus movimientos me aterrizaban de espalda contra un duro infierno.

Tan contradictorio como que no se puede adorar a un ángel, pues ellos no tienen la necesidad de ser adorados, pero yo la adoraba como se adora el suave de un pétalo de rosa, la adoraba por culpa de imponer parpadeos impuros gritando que era también un demonio.

Su impresionante y extravagante belleza me tentaba directamente a ser egoísta y hacerla "mi elegida" en vez de la de Dios.

Esa criatura me lo transmitía todo sin palabra alguna, lo hacía por "especies inteligibles", descansaba sus caricias sobre mí, o me penetraba con sus ojos, y así me hacía ver pensamientos, imágenes, sentimientos...

Y es que, puesto que aquello que manteníamos tan complicado era como amor-odio: sentía que la perdería en cualquier detalle, y la volvería a encontrar al caer rendida ante su doble mirada.

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