miércoles, 13 de noviembre de 2013

El borracho de locura.

“Lo tendré, sí, claro, siempre lo tengo, pero no como quisiera... Además lo necesito ahora, mañana será otro día... Mañana no me sirve, es ahora cuando siento esta angustia, desesperación, y ganas de desahogo con la única persona que puedo.”

Siento la ficción absorbiendo mi imaginación, y pienso…: En algún rincón de mi mente, sintiéndome como me siento ahora, puedo ponerme en una situación alcohólica y sexual por desesperación.

Como aquél borracho que sale de su casa dando un portazo, gritando: "¡no puedo más!", mientras la mujer le ruega: "Vuelve, por favor. Tenemos un hijo, no nos abandones." Y vuelve a entrar, ya borracho de locura, le levanta la mano a su mujer, y le grita: "¡necesito que me des más de ti, necesito tu cuerpo y no me lo das!" Agarra con fuerza a su mujer, y empieza a besar su cuello, ella se resiste, pero él no quiere dejarla una vez más, y sigue advirtiéndole: "¡no te muevas!" Desnuda a su mujer, y se desabrocha la cremallera del pantalón para intentar hacerla suya a la fuerza, pero ella sigue sin dejarse, quejándose, gritándole a su marido que no la obligue. Hasta que él vuelve a desistir, se rinde, y grita por última vez: "¡No puedes pedirme que me quede, porque no me das nada!" Mira al bebé que tienen en común, y respira profundamente, pensando seriamente en que está enfermando, en que está perdiendo la cabeza, porque jamás antes se había visto en esa situación tan extrema, jamás le haría daño a su mujer.

Ese es, ese es el borracho que casi no ve ni su propia sombra del alcohol que lleva en sus venas por la desesperación. El borracho que no logra alcanzar el máximo placer con ninguna de esas mujeres de compañía que va buscando por todo el barrio. El borracho que se sienta en la mesa de uno de esos bares, y pide una copa tras otra para ahogar todos sus sentimientos y pensamientos. Que se levanta, tambaleándose al sentirse más ebrio que nunca, y le dice a una mujer: “te lo ruego… Déjate llevar conmigo…”. Y llegan a la habitación privada, y se desnudan, y ella lo complace, pero nunca es suficiente. Pasa por las manos de varias mujeres, pero nunca es suficiente. Nunca. Porque ninguna puede llegar ni a compararse con su propia amada. Y pensar en lo que provoca su amada incluso a distancia, le hace sentir vivo, pero a la vez hace agrio el sexo con esas mujeres con las que intenta dejar de sentirse desesperado, y llora una vez más al apartar con violencia a esa mujer desconocida, y grita: “¡no vuelvas a tocarme! ¡Estoy casado!” Ni siquiera él sabe lo que quiere.
Aquél borracho que empieza a odiarse por no saber controlarse, por no poder acudir a su propia mujer para solucionar sus problemas.
Ese hombre, borracho como nunca, habla y habla con el hombre que es él mismo, y se hace preguntas, y sigue llorando, y se odia por hacer todo eso, y piensa en su amada, y en el amor que los une, y ni él entiende cómo ha podido llegar a ese extremo, no sabe cómo ha llegado hasta ahí. Y cae al suelo, alguien lo recoge, lo sienta en una silla, pero él se levanta de golpe, y corre por las calles, vagabundo, sin vida, solitario, frío…
Aquél borracho no sabe qué hacer…
Y vuelve a beber, y vuelve a estar en las manos de otra mujer, y vuelve a rogar: “déjate llevar conmigo… Hazme lo que quieras, necesito dejar de sentir esta angustia…” Y oye una respuesta, la voz de su amada: “mi amor, ven… Tssh, tranquilo… ¿Por qué has bebido tanto…? Ven a mis brazos, yo te daré lo que necesitas, sabes que soy la única que puede dártelo. Y ahora, hagamos el amor, hazle el amor a tu amada, porque ahora, soy completamente tuya”.

jueves, 3 de octubre de 2013

El hombre que me hace dudar. (2ª parte, fin)

Sentí de repente como todas las lágrimas almacenadas en mis ojos salían disparadas, doloridas, mostrando mis sentimientos más profundos, y caían despacio sobre las hojas de papel de mi libreta, borrando espacios de tinta, mojando el dolor con el dolor…
Una presencia se posó junto a mi lado, en otra de las sillas de mi mesa, y me secó las lágrimas.
Era ese hombre, ese hombre que me había dejado embelesada durante esa mañana. Ese hombre que me hacía dudar.

-Tssssh… No llores más, mamá…
Mira, he dibujado esto para ti. –Dijo sonriendo tan dulcemente…

Espera, ‘¿mamá?’ ¿Qué estaba ocurriendo…? Mi mente se colapsó por un instante, pero mirar esa sonrisa, sentir esa alma, me devolvió a la realidad.
Cogí la libreta que me cedía, y miré el dibujo.
Fue entonces cuando las lágrimas volvieron a brotar de mis ojos… Ese cuerpo desnudo… Ese cabello largo cubriendo toda su espalda, de ese color castaño, y esa forma tan particular… Esos ojos que solo pedían cariño y comprensión… Esa piel que había sentido siempre bajo la yema de mis dedos, tan suave como un pétalo de rosa… Esas manos delicadas… Todo ese físico y alma únicos…

-Melánia… -Susurré sin poder dejar de mirar ese dibujo, y sin comprender nada de lo que estaba ocurriendo…
-Mamá, soy yo… -Dijo la voz grave de mi lado izquierdo.
-¿Tú…? ¿Quién eres…? ¿Por qué tienes un dibujo de la foto que solo ella tenía? Esa foto que le hice el día en que creamos con el más puro amor a nuestro pequeño ángel… ¿Por qué…?
-Mamá, estás hablando de mí… Soy Derek. –Respondió con delicadeza. Acariciando mi rostro, secando de nuevo mis lágrimas…- Mamá, estamos bien… Ella está bien, estamos contigo cada día…
Mamá…

No alcanzaba a comprender lo que estaba pasando, creí en ese momento que estaba soñando, soñando algo extraño. O simplemente que me estaba volviendo loca. Pero no podía apartar la mirada de esos ojos verdes que me hablaban con sinceridad y amor…

-Valeria… Melánia me ha dicho que te haga saber este mensaje:
“No puedes seguir así, mi amor… Estoy bien, estoy con nuestro pequeño ángel, y él no quiere verte así. Tienes que seguir adelante… Mantén nuestro recuerdo, no te pido que nos olvides, eso no… Mantenlo, pero sigue con tu vida. No puedes seguir muriendo lentamente, y no puedes pasarte las horas pensando en una venganza. Sé que fue doloroso sufrir en carne y hueso nuestro asesinato, lo sé… Pero, no nos vengues, mi hermoso amor… No nos vengues, solo mantén nuestro recuerdo eternamente…
Te amé desde el primer día, bien lo sabes… Y sabes que nuestro amor es eterno. Nunca dejarás de amarme, de la misma forma en que yo tampoco dejaré de amarte a ti, porque nunca dejaremos de pensar la una en la otra, y eso es un lazo que jamás se romperá.
No nos olvides nunca, pero deja de sufrir así, te lo suplico… Te amo, Valeria.”

-Melánia… Por Dios, vuelve, mi amor… Vuelve… -Me eché a llorar desesperadamente, mi respiración se tornó acelerada de golpe, y antes de que llegara a fallecer, ese hombre que estaba a mi lado me aferró a él, y me acunó en su pecho…

-Mamá, me tengo que ir… Recuerda este momento siempre, recuerda lo que Melánia te ha dicho en este mensaje, y recuérdame a mí… Recuerda a este hombre que te arropa, soy yo, Mamá… Soy Derek… Solo que en unos cuantos años adelante. No te olvidaremos nunca…

Sentí las dos almas que más había amado en toda mi vida, abrazándome por unos instantes… Y fue entonces, fue entonces cuando comprendí, que ese hombre de melena rubia, y ojos verdes, representaba a nuestro hijo de mayor, si ahora siguiera vivo.
Y los sentí, los sentí por última vez a mi lado, sentí sus almas; el alma de mi amada Melánia, y el alma de mi pequeño ángel llamado Derek. Y esa noche… Esa noche pude dormir tranquila, sintiendo el calor de esas dos almas puras. Sin sentir dolor, ni agonía, ni rabia, ni sed de venganza, ni ninguno de esos sentimientos que me hacían despertar sudando… Esa noche solo sentí amor y pureza.

martes, 1 de octubre de 2013

El hombre que me hace dudar. (1ª parte)

“Ese es, ese es el hombre que me está haciendo dudar…”, pensé.
Jamás había conocido a ningún hombre así, jamás.

Salí de la puerta del bar donde solía ir todas las mañanas a tomar un café solo, de esos que saben agrios, para ver si lograba despistar la agonía, como otra de las tantas mañanas que llevaba haciéndolo desde que pasó.
Me senté en la mesa de siempre, la más apartada de todas las demás, pero a la vez la que se encontraba más cerca del grande ventanal que recubría el local.  Saqué mi libreta usual, y mi boli, y empecé a darle vueltas a mi mente, a ver si se me ocurría algún tema sobre el que escribir. Comencé por poner la data del día en el que estaba, y al intentar escribirla el boli no iba. Le di la vuelta a la libreta y empecé a hacer círculos con el boli, en una de las hojas traseras, intentando que funcionara. Lo arreglé. Así pues, me dispuse a volver a la página delantera en la que estaba, para poner el día en el que me encontraba. Fue entonces cuando me di cuenta de que no sabía ni el día en el que vivía desde que estaba tan perdida en el mundo. Me quedé pensativa unos segundos, pero no lograba adivinar en qué día, ni siquiera en qué año vivía. Justo en este momento, la puerta del bar se abrió, deseosa de dejar entrar un poco de aire fresco en ese local caluroso, y entonces quedé embelesada por un ciego momento, con el olor que me inundó el cerebro, y el cuerpo que atrapó la mirada de mis ojos cansados y llenos de ojeras.
Era un cuerpo de tez pálida, melena larga, por los hombros, y rubia. Unos ojos verdes que mataban el tiempo, unos labios carnosos y rosados que cualquier mujer desearía besar. 1, 77-80 de cuerpo algo musculado, pero sencillo y amable a la vez. Un tatuaje, espera, no, dos… Tres… Cuatro… ¿Cinco tatuajes? Vaya, qué pasada. No supe que pensar. Solo sé que quedé en ridículo cuando la camarera vino a entregarme el café, y casi le tiro la taza encima por el sobresalto.

-Oh, lo siento, no me había dado cuenta de que estabas  aquí.
-Mmh… Ya, demasiado encanto en ese hombre para estar concentrada en otra cosa, ¿verdad? –Dijo con una sonrisa como de autosuficiencia.
-¿Qué? No, no, no, no. Yo… Soy homosexual, solo admiraba sus tatuajes, sí. –Dije intentando de convencerle.
No sé si creyó en mis palabras, pero se fue con una sonrisa de esas que pones cuando sabes que te engañan y no lo quieren admitir.
Pero era cierto, yo no le engañaba, era homosexual.
Me quedé pensativa durante unos minutos, hasta que volví a la tierra. No quería quedarme otra vez hipnotizada por aquél hombre que acababa de entrar y estaba sentado a solas, con una libreta en la mano, y un lápiz en la otra. Pero… Lo había vuelto hacer, me había vuelto a fijar en él, en los objetos que portaba, en sus ojos, en su melena rubia… ¿Qué demonios me estaba pasando?
Ladeé la cabeza, intentando despejar mi mente de una vez y centrarme en lo que intentaba centrarme cada mañana. Empuñé el boli con decisión, y entonces volvía a darme cuenta de que no sabía en qué día estábamos. Sigo sin saber por qué, sigo sin saber qué me pasaba, había más gente en el local, sí, dos o tres personas más. Pero no pude evitarlo… Me levanté de mi silla y caminé con cautela hasta la mesa en la que el hombre de tez blanca, melena rubia, y tatuajes, me esperaba.

-Buenos días. –Dijo nada más verme. Su voz sonaba grave, a hombre fuerte y seguro. Y sonrió, y eso me pareció increíblemente amable, y a la vez irresistible, porque, Dios, tenía una sonrisa tan bonita…
-Am… Bu… Buenos días. –Se me trababan las palabras, como si fuera un bebé torpe, y eso lo odiaba.
-¿Azúcar? –Preguntó mientras cogía el tarro de azúcar de su mesa y me lo ofrecía.
-¿Qué? No, no, gracias. Venía a preguntarle… ¿En qué día estamos?
-30 de diciembre, señorita.
-Oh, gracias. –Intenté sonreírle ligeramente, con amabilidad, agradeciéndole. Y entonces sentí un nudo en el estómago, y no sabía por qué.
Volví a mi mesa, y me senté despacio, desorientada, pensativa en esa sonrisa que me había ofrecido amabilidad en esa mañana extraña. Hacía tiempo que nadie me sonreía así…
Volví a tener el bolígrafo en la mano, entre mis dedos, y decidida a escribir el día en el que estábamos, me paré en seco al terminar la data.
30 de diciembre…
Cogí la taza de café que llevaba esperándome unos minutos, y empecé a tragar ese sabor amargo, intentando amargar más a mi corazón… El cual se paró por unos segundos, haciéndome comenzar a temblar ligeramente, llenando mis ojos de lágrimas, dejándome una sensación fría y agonizante.
“Hoy… Hoy podía hacer tres años de aquello que tenía y que he perdido…”, pensé. “Vasta, céntrate en tu libreta y en el café”, me obligué a mí misma.
Esa mañana no estaba muy inspirada, aunque no había ninguna mañana en la que la literatura entrara fácilmente en mí, desde que perdí…
Así que me puse a escribir como si fuera un diario, dejándome llevar, y a ver lo que pasaba…

‘Me arrancaron lo que más quería en este mundo… Solo siento rabia, impotencia, odio, dolor, agonía, sufrimiento, frialdad, incertidumbre, soledad… Me acuesto cada noche en la cama, y no logro conciliar el sueño. No puedo si no siento su olor, si no siento su calor, si no siento sus labios rozando los míos antes de dormir… No puedo, y me niego. No quiero seguir adelante, no puedo pensar en otra cosa. Me nubla la mente, me ciega, me congela el corazón, y mi alma está más perdida que nunca…
Cada vez que consigo dormirme, tengo pesadillas. Tiemblo, grito, sudo, lloro, así es como me despierto… Tengo un vaso de agua a mi lado, apoyado en la mesita, descansando, esperando por mí, bebo cada noche de él, al despertarme con tal agonía, pero esa agonía, ese dolor, hace que me den nauseas el solo hecho de sentir el agua correr por mi garganta. Solo es agua, sí. Pero incluso eso me atormenta…
Me arrebataron lo que no era suyo, lo que no era suyo ni de nadie, me arrebataron lo que era totalmente mí. Me arrancaron de mis brazos a la única persona con la que lo había compartido absolutamente todo, por la que podía matar, por la que perdí la cordura, por la que dejé de ser triste, por la que sentí que merecía la pena vivir… La persona con la cual construí un mundo de ilusiones románticas, de amor, de libertad, de caricias infinitas y miradas felices… Simplemente lo era todo para mí, todo.
Y esa persona… Esa persona iba siempre acompañada de nuestra pequeña criatura… Me arrebataron dos amores… Dos corazones… Dos almas puras…
Mi bella mujer… Estoy muriendo lentamente sin ti… ¿Cómo pudo pasar…? ¿En qué momento se les ocurrió tocarte…? ¿Cómo pude permitir que tocaran de ti tan solo un centímetro de tu cuerpo…?
Siento sed de sangre, de venganza, desde entonces. Sé que no eras partidaria de eso, mi amor… Pero… ¿Qué puedo hacer…? Ya no siento más que rabia y dolor desde que me arrebataron tu presencia… Y te ruego que me perdones cuando haya acabado mi venganza. Te ruego entonces que entiendas el por qué lo he hecho, y te ruego que me cedas un espacio en el mundo en el que vives ahora, que tu alma invite a la mía a volver a estar juntas…”

.....

lunes, 30 de septiembre de 2013

Bella alma perdida.

Tenía el corazón desgarrado, le sangraba como una herida producida por un arma blanca recién hecha.

¿Perder a la persona que amas es acaso tan duro como dicen? ¿O es más dura la muerte?
Piénsalo bien… Porque la muerte puede ser apenas unos segundos, y perder a la persona a la que amas es como morir en vida, y eso es lo más doloroso en el mundo…
Entonces… ¿Preferiría morir a perder a la persona a la que amo? Tal vez…

Tenía el corazón realmente desgarrado…
Había sido un amor dramático, loco, frenético, pasional, enfermizo, psíquico… Pero amor al fin y al cabo. Amor tan puro como el alma.
Sentía ese vacío por dentro, ese vacío que consume como un cigarro consume un poco más cada día. Ese vacío que le hacía recordar que sin ella realmente su alma anhelaba hasta la más triste lágrima.
Nunca quiso una despedida… Le sabía como el sabor del café sin leche, ese sabor tan fuerte, recorriendo su garganta…

¿Conoces realmente la historia…?

Un hermoso ángel… El ángel más hermoso jamás visto en los antros del cielo.
Deseado por muchos y envidiado por otros.
Tan especial y diferente de cualquier otro…
Ese ángel tan hermoso y especial nunca conoció al alma perfecta a la que sus grandes y bonitas alas desearan abrazar de verdad. Hasta que cayó, cayó a la tierra y allí esperó por siglos, buscando a la perfecta alma a la que poder proteger entre su plumaje.
Tuvo que pasar mucho por aquél entonces, pero alcanzó a amar antes de perder toda esperanza retenida durante siglos.
Amó… Amó a la persona más buena que había conocido. Y entonces la amó para siempre, para siempre…
Aun en este siglo, se dice que sigue amándola, y lo hará eternamente. Lo haría aunque le arrancaran sus suaves y amables alas… Lo haría porque es el alma a la cual eligieron sus alas para proteger.
El ángel apenas sabía qué era amar, y sus alas ya estaban protegiendo a esa alma por encima de todo. Y eso conmovió al ángel… Y le conmovió que esa alma quedara petrificada de amor ante su único plumaje.

Así que: no humo más anhelo que llorar.
No hubo más tristeza que albergar.
No hubo más siglos de espera…
A partir de entonces, su amor fue clavado en su pecho, portándolo por el sendero de la vida.
Una historia tan hermosa como ese hermoso ángel.
Una historia que al final, un día se convirtió en la historia más triste del mundo,  pues un día el ángel sufrió la muerte más dura que ninguna criatura puede tener… La muerte en vida. Le arrebataron a su perfecta alma de sus alas. Ni siquiera él sabe aún cómo llegó a ocurrir semejante desgracia. Sigue preguntándoselo, y arrepintiéndose en cada abrir y cerrar de ojos, por no haber sido suficiente para aquella única alma a la que conocería de verdad durante toda su vida eterna. Esa vida eterna que pronto se hará efímera… Pues hay algo que ocurre desde que le arrebataron aquella única alma a la que amó y ama…; con el paso del tiempo las alas del hermoso ángel están desapareciendo… Poco a poco, caen sus plumas por la agonía… Caen porque no sirven de nada si forman dos grandes alas, junto a las demás, y no pueden proteger a… su bella alma perdida.

jueves, 5 de septiembre de 2013

Tu último adiós.



Encargaría al diablo que castigara con un severo sufrimiento a cada una de las personas que te han hecho daño;
Haciendo añicos mi alma,
quemando las hojas de primavera,
congelando al sol,
haciendo sangrar mi corazón,
agotando hasta la última gota del ancho mar...


            El papel manchado del último tequila;
            mantiene vívido el recuerdo de tu último adiós.

            Las pastillas en el armario, junto al cuchillo;
            mantiene vívido tu último adiós.

            Los pétalos por toda la casa;
            mantienen vívido el aroma de tu cuerpo... Recordándome así, tu último adiós.


La existencia de la pluma y el pergamino, ya no es tan hermosa.
Consumía cada suspiro haciendo delirar a mi alma, escribiendo sobre ti.
Ahora ya no me queda ninguna palabra con sentido...


            El temblor y los sudores de mi débil cuerpo;
            mantienen vívido tu último adiós.

            El aire rozando mis labios secos;
            mantienen vívido tus dulces besos.


La luna incandescente brilla sin ímpetu.
Amada mía... Los ángeles nunca han estado preparados para tu último adiós.
Éste ángel muere cada noche recordando tu último adiós...

            
               Tu último adiós...


El deseo irrefrenable de querer volver a sentirte, una vez más no, eternamente: me hace querer arrancarme el cerebro y así parar cada latido de mi corazón; Para siempre... Para siempre.


            Cada punzada en mi estómago;
            mantiene vívido tu último adiós.


La sangre que corre por mis venas se convierte en hiel.
Cada célula de mi cuerpo se esfuma.
No soy capaz de sentir más allá del dolor al recordar... Tu último adiós.

Cariño... Mi alma está destrozada.
Y mis alas caídas para siempre...

Y, ¿sabes...? Aún tengo ese miedo irrefrenable a ser capaz de preguntarme: "¿por qué...? ¿Por qué te fuiste...?"
Sólo porque sería insoportable saber si fue culpa mía... De la misma forma que es insoportable el no saber por qué...
Pero, no... Lo más insoportable, es no tenerte aquí...
Y sí, es cierto. No miento cuando digo que di todo lo que pude por cuidarte.
Pero no estás aquí...
Y ya no me quedan fuerzas para arremeter contra mí, si quiera.


            La rosa que perdura;
            mantiene vívido el tacto sedoso de tu cabello.

            La ropa con el aroma de tu perfecto perfume embriagador;
            mantiene vívido tu último adiós.

            El frío de mi cuerpo;
            mantiene vívido tu último adiós.

            Todo mantiene vívido tu último adiós...

No preguntes.
Lo único que me mantiene en vida es tu recuerdo, que me transporta a la muerte, porque a la vez mantiene vívido...:

            Tu último adiós...

martes, 3 de septiembre de 2013

Sed de sangre.

Quería arrancarle el corazón, herirlo de muerte, y volvérselo a entregar, así, destrozado, tal como ella había hecho con sus sentimientos. Con tal frialdad como la que se había atrevido a utilizar, atacándola a ella, y atacando a su amada.
Ahora solo quería vengarse. Lo necesitaba. Era ansia de sed de venganza. Era con lo que soñaba cada noche, desde hacía ya tiempo. Y no pararía hasta conseguirlo. Aunque tuviera que hacer desaparecer sus alas angelicales por un momento. Aunque su alma quedara colapsada de golpes y derrotas. Tenía que hacerlo. Por ella, por su amada. Por necesidad.

Pura sed de venganza, la que recorría sus venas. Matando su especial ser, matando a su corazón, matando a su alma.
Y aunque sangre derramara de su propio cuerpo, venganza deseaba.


 Venganza, venganza, venganza…


 Se veía débil, incapaz. Y enfermaba a cada minuto, oyendo como su alma le rogaba que no se dejara llevar por la sed de sangre.

Pero su corazón respondía latiendo con fuerza y rapidez, cuando la adrenalina de la rabia, le recorría las venas.
No podía luchar contra esa sed de venganza, pero tampoco quería amargar el amor de su alma.
Su mente solo le pedía devolver el daño recibido, sin cesar, golpe tras golpe, viendo la sangre brotar, ahogando su respiración, arrebatándole hasta el último aliento de esfuerzo, haciendo que ésta vez, fuera esa alma fría la que recibiera todo ese dolor inmenso, hasta la muerte si hiciera falta. Hasta vengarse como deseaba, hasta ahogar todo ese dolor en el alma más fría que había conocido jamás en la tierra. Hasta albergar tranquilidad en esa rabia que le rodeaba.
Sabía que aquello dolería, tanto físicamente, como interiormente. Por supuesto que lo sabía, pero, ahí estaba… La sed de venganza. ¿Acaso alguien sabe lo que significa? Solo el que siente eso verdaderamente en su interior, puede explicar con exactitud lo que es.
Sabía que dolería, lo tenía tan claro como el saber que su alma se haría añicos en alguna parte de ella, que sollozaría por haber infringido la pureza de su ser por unos instantes. Sabía que su alma rogaría cada noche por que las alas que le pertenecían, volvieran a ella.
Pero era tan difícil… Pues nadie entendía el dolor y la rabia que sentía por todo el dolor que le había provocado, traicionando su amistad, e hiriendo el corazón de su amada.

Sed de sangre… Recorriendo cada centímetro de su piel… Haciendo huir a sus alas… Decepcionando a la pureza… Provocando sollozos en su alma… Acelerando su corazón… Suplicando ese perdón anticipado, y… Deseando venganza.

lunes, 12 de agosto de 2013

¡Maldita distancia!

La distancia se apoderaba de su cuerpo, congelándole cada centímetro de su ser.
La distancia recorría sus venas como el más letal de los venenos.
Sus labios se habían tornado secos y agrietados, por falta de la humedad de los de su amada.
Su alma gritaba cada atardecer, desgarrando su pecho, pidiendo ese calor único para ella.
La distancia le dejaba sin aliento con cada recuerdo de ese amor puro.
La distancia hacía que recordara lo vacía que se sentía cada vez que su amada estaba lejos de ella.
‘Me siento como un pétalo podrido’, solía pensar ella cuando estaba lejos de su amada… Y se echaba a llorar, presa de esa maldita distancia que inmovilizaba sus músculos.
Pensaba en la bebida, pero no creía que eso reconfortara el fuerte dolor de la distancia.
Pensaba en el suicidio, pero eso solo conseguiría separarla para siempre de su amada, y solo de pensarlo, moría por dentro…
La distancia le enfurecía más que nunca. Un día, ésta, fue de gran ayuda, sirvió para olvidar, para renacer, para aliviar. Pero ahora… Ahora era la peor sensación que podía experimentar su pobre corazón atacado por el sentimiento vacío.
Lo único que le quedaba, en esa espera tan larga para ella, era seguir susurrando: ‘cariño, vuelve, por favor…’
Igual que las estrellas parecen estar enamoradas de la luna, tanto que se mantienen a su lado eternamente, luchando por ella, queriéndola, alumbrando su alrededor… De igual forma amaba ella a su amada.
Se preguntaba: “¿quién va a entender que amo a esa mujer con toda mi alma, si ni siquiera saben valorar realmente lo que es un alma…?”
La impotencia le derrumbaba, y le hacía temblar de sufrimiento.
Recordaba esos momentos acariciando la piel suave y delicada de su amada, y se estremecía… Y eso le hacía echarla mucho más de menos. Pero realmente no podía evitar pensar cada minuto en la distancia.
La distancia le hacía recordar que el amor vuelve loco a una persona, como le había vuelto loca a ella. El amor la tenía sometida a la sonrisa de su amada, y le daba igual sentirse tan poco cuerda… Realmente solo le importaba estar con ella, protegerla, amarla, y rodearla entre sus brazos eternamente.
Cada hora que pasaba, le hacía darse cuenta de que estaba tan lejos de su amada… tanto, que le costaba respirar al recordarlo.
Solo habían pasado dos días, y ya agonizaba, queriendo sentir su perfume, o el olor propio de su piel.
‘Cariño, vuelve, por favor…’, seguía susurrando… Pero su amada seguía en esa distancia tormentosa.
Ya no le importaba que el sol le quemara, y le hiciera sentirse sudada, y cada vez más sucia. Ya no le importaba nada de las cosas que más le molestaban. No se preocupaba por su pelo, al que tanto intentaba cuidar para que no se desmoronara demasiado. No se ponía su perfume habitual. En la ducha, había más líquido lagrimal, que de agua. Ya nada era más importante que el deseo de querer sentir a su amada cerca de ella.
Estaba enfermando por culpa de aquello que maldecía en su interior una y otra vez, gritando:
“¡MALDITA DISTANCIA!”

jueves, 4 de abril de 2013

Me entrego a vos como ángel.

Es cierto, anhelo vuestra piel.
Ese ángel no ha mentido cuando ha dicho que quiero que nos toquemos.
Que quiero hacer el amor con vos...
De forma pura y romántica, no sexual.
Es cierto lo que con su voz angelical ha dicho, convenciéndoos de mi interés por vos;

Que quiero haceros el amor rozando vuestra mano.
Quiero haceros el amor besando vuestros labios.
Quiero haceros el amor acariciando detenidamente vuestro hermoso rostro.
Quiero haceros el amor abrazándoos con mis alas. Sosteniéndoos para siempre.

El ángel dice: "os ama"
Él dice: "para siempre"
Y dice que somos la misma criatura...

Os ruego que creáis a ese ángel.
Vuestra alma y vuestro cuerpo son un hermoso poema para mí.
Sois poesía ante mi alma...

El ángel grita: "¡es amor puro y profundo! ¡Es amor eterno!"
Y concreta: "vos debéis entregaros a esa bella mujer. Entregaros eternamente si para siempre la queréis."

Abro mis alas y hago una reverencia ante vos, la hermosa mujer, y digo:

     "Me entrego a vos, alma pura.
      Os he amado esperando por siglos. Amándoos en la oscuridad.
      Permitidme ser solo vuestro ángel.
      Pongo mis alas ante el amor que siento por vos.
      Si salgo herida, sólo vos podréis curarlas con vuestra alma pura.
      Prometo cuidaros hasta morir.
      Me entrego así pues, a vos. Para siempre...
      Solo siendo vuestra, mi sangre correrá por mis venas.
      Si no me permitís vuestro amor, moriré.
      Así que, os lo suplico...: Dejadme haceros el amor de la forma más pura y romántica que pueda existir;
                                  
               "Haciendo el amor como los ángeles."

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