miércoles, 7 de noviembre de 2012

Amada mía...

Amada mía...
Sé que si yo fuera tinta, tú serías pergamino...
Si viviéramos en otro siglo... El siglo que me enamora...

Te recogería con una carroza y sus caballos... Agarraría tu suave mano con delicadeza, y te invitaría con elegancia a pasar una velada eterna de amor.
Quedaría ensimismada observando tu infinita belleza. Observando como el detallado vestido y corsé, se ajusta perfectamente a las curvas de tu cuerpo... Te observaría sumamente hermosa. Sé que me harías delirar como nada ni nadie... Provocarías casi una muerte inmediata de todos mis sentidos, de mi corazón...

Te ayudaría a subirte y sentarte en la cómoda carroza, y luego... Luego te pediría por favor que me cedieras el fascinante placer de poder rozar tus labios con los míos; y al hacerlo, moriría...
Besaría tus hermosos labios con todo mi amor y ternura... Y entonces susurraría
'te amo' a centímetros de ti, acariciaría tu rostro, tu pelo... dejándome hipnotizar por tus ojos.
Me quedaría sin aliento, e intentaría recobrarlo, sonriendo embelesada por tu presencia.

Pediría al portador de la carroza que siguiera hacia delante hasta llegar a un jardín de flores. Una vez allí, bajaría de la carroza y arrancaría una flor de ese jardín, la más bonita... Y después volvería a por ti. Agarraría de nuevo tu mano, posicionándome casi en una reverencia ante ti, y besaría tu mano a la vez que te ayudo a bajar.
Te regalaría esa flor recogida e inmediatamente susurraría en tu oído lo hermosa que eres.

Te hablaría con gentileza, precisión e inquisición hasta hacerte entender que esa flor en tu mano, no es ni comparable contigo.
Te rogaría que escucharas mis palabras hasta lo más profundo, mientras a cada segundo muero por ti...

"Amada mía... Sé que tal vez no merezco tu amor, tu belleza. Me... me haces temblar...
Me paso las noches en vela intentando encontrar las palabras adecuadas para ti, y luego me dejas sin aliento, y las palabras se traban en mi garganta, angustiándome...
Mi alma busca la tuya día y noche, insiste hasta la saciedad, y lo siento... no puedo dejarlo sin más.
Ojalá pudiera hacerte saber lo que eres para mí...
Solo deseo que me aceptes. A mí, a mi alma, a mi amor...
Adoro todo de ti... Todo. Quiero amarte. Déjame prometerte que si me permites amarte, lo haré eternamente. Lo prometo.

Amor... Esto es complicado, porque tengo un respeto hacia a ti, tan grande como el universo, eres como una reina para mí...
Me atormenta. No quiero robarte nada. Eres tan valiosa para mí... Y esto puede sonar grosero, pero juro... Juro por mi vida que no te haré daño si me dejas disfrutar de tu existencia cada día de nuestra vida.

Escúchame... Deseo con toda mi alma amar tu cuerpo.
Acariciar tus pechos, besarte sin parar, sentirte desnuda junto a mí...
Verte llegar a lo más alto. Y llorar al sentirme la mujer más afortunada del mundo por haber conseguido hacerle el amor a una diosa.
Quiero tratarte como trataría a esa flor resguardada entre tus manos... Como mereces, con infinita dedicación.

Mírame arrodilla ante ti...
Te lo ruego. Déjame amarte completamente. Déjame vivir por y para ti..."

Y con un beso en los labios... me robarías el alma.
Nuestra historia de amor... eterna por siglos.

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