jueves, 2 de febrero de 2012

La nieve.

La nieve helaba mis huesos, debajo de mi ropa.
Cada parte de mi cuerpo temblaba notablemente.
Solo podía pensar en que el frío iba a acabar conmigo.

Cerré los ojos mientras me retorcía de dolor.
Tirada sobre la nieve podría lograr sentir una ligera comodidad...
Mis labios se agrietaban por momentos.
Pequeños cortes en mi piel se formaban, pero tenía la piel tan dormida que la escozor casi no se notaba.

Mi mente se llenó de recuerdos de mi vida, vagos recuerdos que se esfumaban con cada intento de respirar, donde el aire se quebraba en mi garganta.

La esperanza ya no existía, la sangre que corría por mis venas estaba tornándose espesa, lo sé porque llevé una mano a uno de mis oídos y mis dedos se envolvieron en un liquido rojo.

Una brisa de calor rozó mi cuello e hizo que me estremeciera violentamente.
Una mano se posó en mi pecho, mi corazón se puso de nuevo en marcha, y mis parpados comenzaron a elevarse con delicadeza.
Alguien había venido a por mí, alguien cuyos ojos marrones se volvieron verdes al encontrarse con mi mirada.

-¿Pensabas que te iba a dejar aquí, helada? Te necesito para vivir, necesito tus besos, sino caería enferma.
No puedes dejarme sola, estamos destinadas la una al otra, ya no hay vuelta atrás, nuestro amor es nuestra fuerza para seguir con vida.

Colocó su otra mano en mi rostro, acariciándolo suavemente... Una lágrima cayó de mis ojos y se congeló en mi piel a mitad de su recorrido.

Hicimos el amor en la nieve, tan solo con un beso apasionado que me devolvió de nuevo a la vida.


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