domingo, 20 de marzo de 2011

Arnex nos había jugado una mala pasa.

Salimos del Gothic Blood, y caminamos hasta el cementerio que soliamos vistar de vez en cuando por Karen. Un cementerio algo extraño, viejo y macabro. La mitad de las lápidas estaban 'undidas' en la tierra, y las flores sobre las tumbas estaban podridas, había un olor a mugre espantoso.

Arnex nos había dicho que tenía una sorpresa para Karen y para mi, así que todo el camino al cementerio había resultado pesado por las númerosas preguntas hacia a Arnex, y la intriga no resuelta.

Llegamos a nuestro destino. Como de costumbre, el olor a mugre envolvía nuestras fosas nasales como una capa de niebla tapando al sol. En realidad, ya estabamos acostumbrados. Por lo menos no teníamos la necesidad de andar por allí con la mano en la nariz para evitar olerlo.

Karen y Yo estabamos nerviosas, muy nerviosas. Demasiado para lo que nos imaginabamos que podíamos encontrar en un...cementerio.

Arnex jugaba con nuestros nervios usando su risa a su antojo. Arnex era geniál, increíblemente geniál, y hacía muchissimo tiempo que no nos hacía ninguna sorpresa, así que estabamos excitadas.

Esperabamos que nos dijiera qué demonios debiamos hacer, cuando se colocó detrás nuestro y comenzó a vendarnos los ojos con un trapo de seda. Olía a el, al adorable 'perfume' que salía de sus poros, olía a libertad.

Karen preguntó qué iba a hacernos, pero nadie en la oscuridad de nuestras pupilas contestó a esa pregunta en mucho tiempo.

Estuvimos esperando diez minutos, veinte, treinta. No se oía nada ni a nadie. Empezamos a preocuparnos.

- ¿Jessica? - preguntó Karen casi en un susurro.

- Karen, creo que estamos solas... - contesté algo asustada.

Moví mi mano para buscar la de Karen, y al rozarla me exasperé. Tenía las manos heladas, como las mias. Era lógico porque el frio de la noche de Otoño estaba congelando nuestras pieles.

Me quité ese trapo de seda de los ojos , y luego ayudé a Karen. Observamos a nuestro alrededor, donde nos encontrabamos solas en medio de un montón de lapidas. Geniál, Arnex nos había dejado solas. Y no era precisamente el tipo de broma con el que te ries sin parar, era lo peor que podía haber elegido.

Karen había cojido un mosqueo de narices por culpa de Arnex, y yo tenía que tragarmelo. Intenté relajarla, y le propuse un plan. Que viniera a casa a pasar el resto de la noche. Ya que mis padres habían decidido ir a pasar el fin de semana a un hotel en nosé dónde, era la mejor idea que había tenido en todo el día.

Además, sabia que en cuanto llegara a su casa, empezaría a comerse la cabeza pensando en algún tipo de venganza para Arnex, y yo prefería esperar al día siguiente, seguro que Arnex nos daría una explicación de aquella 'broma'. Así que acabé convenciéndola de que viniera.

Ahora estabamos muchissimo más lejos de mi casa. Hicimos autostop, y conseguimos que un hombre borracho nos llevara en su coche.

Entramos a mi habitación, en la casa había un silencio absoluto, ni la radio de mi madre, ni la tele del comedor encendida y mi padre dormido en el sofá.

Nos quitamos las chaquetas. Karen parecía estar algo fuera de lo normal, como...exausta. Así que hice que se sentara en la silla de mi escritorio, y empecé a 'desnudarla'. Tenía la mirada perdida. Le desabroché los cordones y le quité las botas rojas de cuero que tanto me gustaban. Cuando posé mis manos sobre su muslo desnudo para quitarle los calcetines largos a rayas negras y lilas , puesto que esa noche llevaba falda, Karen dirigió la mirada hacia mi.

Me encontré con sus ojos unos segundos, y volví a centrarme en sus calcetines largos. Su piel era suave y delicada, como el trapo de seda que Arnex había utilizado minutos antes para vendarnos los ojos.

Bajé el calcetín hasta su tobillo y lo estiré para sacarlo del pie. Luego, proseguí con el otro. Pero cuando Karen agarró mi mano con tanta delicadez, frené. Comenzó a jugar con mis dedos como una niña pequeña. Hasta que se levantó de la silla, y me puso de pie agarrándome de la mano y arrastrándome hacia arriba.

Dirigí de nuevo mi mirada hacia sus ojos, no mostraban absolutamente nada, pero penetraban en los mios como dos estacas. Dejó derramar una lagrima de repente. Y sentí tanta ternura...que comencé a dejarme llevar. No sabía lo que estaba haciendo, pero estaba acercándome a ella y no había nadie que impidiera que eso fuera marcha atrás. Nuestras manos seguían únidas, acariciabamos nuestra piel como si fuera oro. Coloqué mi otra mano sobre su rostro entristecido, y la pena con la pasión inundaron mi cuerpo al instante. Acerqué mis labios a los suyos despacio, y por fin...nos fundimos en aquél beso durante unos instantes en los que sentí algo inexplicable que jamás había sentido.

Cuando el cerebro de Karen volvió a prenderse, la ternura empezó a mezclarse con la lujuria y a los dos segundos estabamos desnudandonos para acabr con esa noche tan extraña que había comenzado a ser. En esos momentos... mi cama fue el septimo cielo en el mundo, y nuestros cuerpos ardieron como el infierno.

Hay algo aún más extraño... Al día siguiente, nos despertamos sobre una de las tumbas del cementerio donde Arnex nos había abandonado, bajo la Luna.

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